MF

En esta difícil práctica he -intentado- arrancarle los ojos y las manos a Picasso y pensar qué podría haber hecho. Lejos de cualquier violación, sólo he caricaturizado un poco la obra del grandísimo. Para una semejanza qué mejor que el retrato de mujeres. Así pues, he dibujado a una mujer. También debo decir que el dibujo me pareció una buena idea en el intento de copia, son muchos los dibujos que el genio nos dejó. Me he centrado en la línea. La línea que todo lo abarca. Y entrando tímidamente en el cubismo, he tratado (habiendo antes, estudiado diversos retratos de Dora Mar, Jaquéline y muchas otras) de entenderlo. Y, de esta manera, he mezclado el perfil y la vista frontal en el retrato. Jugando con el tiempo y el espacio (pues podemos a la vez diferentes posturas). Las facciones son desproporcionadas, casi crueles. Como si Picasso se encontrase en una etapa, en una de esas famosas etapas en las que, tras crear una mujer, la iba destruyendo. La mujer se muestra seria, como tantos otros  retratos picassianos.

Por último, disculpen la atrocidad cometida.

Irene, 1904, Musée Picasso

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